“Alicia se coló por la boca de la madriguera, sin pensar ni un solo instante en cómo podría salir de allí”. Lewis Carroll

lunes, 31 de marzo de 2008

En este MARIPOSARIO de Ediciones Papalotzi, ideado, dirigido y prologado por Berónica Palacios, fue publicado mi poema ANGELINA, uno de los tantos agujeros palabrientos de esta madriguera cibernética escarbado el 4 de septiembre del año pasado por si quieren recordarlo.
Es un libro con un hermoso diseño, ilustrado por Luis Fernando Torres Martín, que inició el revoloteo de páginas a fines del 2007 en Guadalajara, Jalisco.
"El lenguaje nos aprehende, nos seduce, nos lleva a ser cómplices de la palabra escrita, a ser amantes del silencio... la tinta sale por nuestros poros algunas veces nitida, delgada, espesa o incongruente... atreverse a volar entre la neblina, a nadar entre las corrientes encontradas, a trasmutar de humano-insecto y aletear más rápido cuando se acerca la muerte..." Berónica Palacios.



FLOR DE COBRE
(Fragmento)

He dispuesto mi fronda
para el revoloteo confiado de tu estancia.
A tu arribo cantaré con todos mis pájaros...
me vestiré con el verde más vistoso
y haré más pequeña la distancia de mi copa al cielo
como si fueras a quedarte.

Llegas ahora con la inocencia de novicia
en el temblor de tus alas
Abro mis flores para nutrir tu canto al sol
y tu deseo

Soy el árbol de cautivas mariposas
que alimenta una flor de cobre en vuelo.

Javier Malagón*
*Omito los Derechos Registrados porque este libro es "anticopyright".

jueves, 27 de marzo de 2008

¿Y USTED PODRÍA?

Barrí de golpe el mapa cotidiano
echando la pintura
de un vaso;
mostré en la fuente con gelatina
los pómulos oblicuos del océano.
En las escamas del pez hojalata
leí llamados de nuevos labios.

Y usted,
¿podría tocar un nocturno
con la flauta de los caños del desagüe?

Vladimir Maiacovski
Traducción: Irina Bogdaschevski D. R. ©

"La flauta espinazo y otros poemas"
Buenos Aires, Ed. Leviatán, 1997.

Fotografía: Angélica Santa Olaya D. R. ©

viernes, 21 de marzo de 2008

¿QUO VADIS?

Amanece viernes con sol de viernes,
la piel, las manos y los pies de viernes...
afuera se desperezan los caminos
y las aves en el parque apremian el vuelo;
escucho el llamado de la solitaria avenida,
calzo el ánimo de sandalias
y dispongo la huida...

En el televisor también es viernes, dicen, viernes santo...
Quo Vadis maquilla por milésima vez
sus romanas arrugas en la pantalla,
unos lamen con temor la vereda de las siete casas,
otros muestran sus estigmas prefabricados al asombro
que viaja en curva y sin llanta de refacción,
un hombre disfraza de fe sus pesadillas
y espera, resignado, la lluvia de las tres de la tarde;
un asesino se viste de Jesús y recorta su barba
para lavar sus culpas -aunque sea por un día-
besando la cruz de la que ayer colgó a su hermano,
las carreteras escupen millones de cristianos
en busca de un sol y una farra de crudo viernes,
los infomerciales mañaneros propagan
los milagrosos efectos de la baba de caracol:
estira la piel, regenera el caparazón,
cicatriza las heridas, desaparece arrugas,
abrillanta el alma...
dice la actriz ungiendo de turgente silicona
las pupilas del televidente...
una cosa es cierta:
hay que huir aunque no nos llamemos Pedro.

Mi ventana es la misma de todos los viernes,
el sol afuera me espera con sus brazos de viernes
y las jacarandas amoratadas de mis humanos viernes.

Alejo las manos de cremas milagrosas
y salgo a la calle
en busca del caracol anónimo

que insiste en lustrar la agrietada corteza del árbol
a fuerza de líquidas caricias;

la mundana trinidad
polvo, mujer y sandalia
huye -también-
nunca percibida,
gracias a Dios,
por el canal de las estrellas.

Angélica Santa Olaya D. R. ©
México, D. F. marzo 2006.


Fotografía: Angélica Santa Olaya D. R. ©

miércoles, 19 de marzo de 2008

EN ESTA "SANTA" SEMANA en la que muchos montamos autos, aviones o burros que nos alejen de la realidad cotidiana y en la que otros no pueden, de ninguna manera, escapar de la ineludible y cruenta realidad; les regalo esta sureña canción de León Gieco en la voz, inigualable, de Mercedes Sosa.
Precisamente hoy en que el autodenominado supremo policía del mundo ha declarado, a voz en cuello, no arrepentirse de la guerra en Irak. Por ahí, en el video, algunos rostros que ahora mismo, en estos momentos, se preguntan, tal vez, dónde carajos está su angelito de la guarda. Cómo me gusta joder las cosas... ¿no es cierto?
P.D. Las comillas se deben a que las cosas santas y yo no nos llevamos muy bien; quizá sea hora de encerrar entre comillas mi apellido como un tributo a mi "angelical" humanidad.

lunes, 10 de marzo de 2008

MATEMÁTICAS INSUFICIENTES
PARA ULISES MESTIZO

1, 2, 3, 4 estaciones;
bajar en la 49
y andar cuadra y media
bajo la lluvia.


1, 2, 3, 4 mesas por servir;
escarbar en el cansancio
y sacar al aire la sonrisa
que asegure el tip.

1, 2, 3, 4 horas;
pasar y repasar diez metros
cien o doscientas veces
hasta la cocina.

1, 2, 3, 4 cafés
y el olor a pistache
y cordero joven
perfumando la noche.

1, 2, 3, 4 años
sin probar mezcal
ni caricia de madre o novia
que opaque la miel de una backlava.

1, 2, 3, 4 recuerdos
atraviesan la niebla de Manhattan
para acurrucarse
bajo las faldas de un domingo
en el parque de Huajuapan.

-Aferrado a una sombrilla
que el viento le arrebata
navega Ulises los mares del recuerdo-

1, 2, 3, 4 dólares
no alcanzan
para comprar una cobija
del tamaño de la nostalgia.

La mirada se humedece
al otro lado de la puerta.


- “Hey guy”, le llaman:
Y regresa sin haber tocado tierra,
hace doble nudo al corazón
y suelta el ancla a la sonrisa.


1,2, 3, 4...
Ulises griego regresó a los diez.
Mienten los que dicen
que el tiempo se pasa volando
y que un cordero basta
para arreglar el mundo.

Angélica Santa Olaya D. R. ©
Marzo, 2008.

jueves, 6 de marzo de 2008


Decir 50 números suena fácil, pero no lo es. Quien ha tenido en sus manos la difícil tarea de editar una revista lo sabe. Cincuenta números, en este caso, representa el trabajo conjunto de muchas personas durante 14 años. El esfuerzo y la fe de un grupo de personas que decidió un día subir a este barco y remar junto a otros, para y por, la literatura en México; porque la gente que ha pisado esta nave, que ha trascendido las fronteras mexicanas, no es sólo yucateca. Se trata de un vehículo de puentes abiertos a la expresión literaria mexicana y, aún, extranjera. Yo me subí a este barco hace dos años y la experiencia ha sido no sólo grata, sino enriquecedora, por lo cual agradezco a los capitanes y tripulantes de NAVEGACIONES ZUR -en especial a los maestros Jorge Lara y Roger Metri, a quienes ayer tuve el gusto de conocer en persona, y a Adán Echeverría, amigo y hermano en la palabra quien, me consta, tiene el corazón puesto en esta nave-me hayan permitido navegar a lo largo de los últimos cinco números.
También fue muy agradable conocer a Carlos Martín Briceño y a Roberto Azcorra; escritores, todos ellos con quienes había compartido las páginas de NAVEGACIONES ZUR, pero de quienes no conocía sus rostros. Y, por supuesto, un honor compartir mesa, también, con el maestro Agustín Monsreal.
Es bueno estrechar la mano de la cual brotan las palabras que nos hermanan a la distancia con la certeza de que vamos, finalmente, trepados en la misma barca. Bienvenidos tripulantes yucatecos a las calles de mi defeña madriguera y a seguir remando para que esta nave continúe hecha a la mar.
Adán: No estuviste en persona, pero sí en espíritu. Sigue bogando porque, como dijo el sabio filósofo Anthony Queen, aferrado a una botella que no traía mensaje de auxilio, pero sí un litro completito de ron: Si las cosas que valen la pena se hicieran fácilmente, cualquiera las haría.
Por cierto mi querido Adán, nos debemos un tequilazo. Seguimos pendientes.

lunes, 3 de marzo de 2008

FERIADO

Te complace este desorden
de papeles sobre la mesa,
libros en todas partes,
mensajes sin contestar,
y el gato ante la estufa.
Te complace deambular
por calles calcáreas,
de luz cenicienta
o ver al ciego comulgando
en el mismo puesto de siempre.
Te complace estar horas y horas
sin hacer nada, pensando
que alguna vez entrarás a la rueda de la fortuna,
pero el porvenir sólo dura una semana
y en el Parque Forestal ves gente vagando
como si en cualquier momento se fueran a convertir en polvo.

Todo se repite: millares de rostros desconocidos
pasan frente a ti; una puerta se abre, otra se cierra.

Levantas la tapa del reloj para tocar la hora con el índice
y sabes que el porvenir dura sólo una semana,
lo que la puesta de sol en una terraza.

Frágil memoria de estos días huidizos
déjanos depositar en ti esta rara quietud
de estar una vez más envueltos en una misma piel.

Francisco Véjar D. R. ©

"País insomnio"
Santiago de Chile, Be-uve-dráis Editores, 2000.

Fotografía: Angélica Santa Olaya D. R. ©

viernes, 29 de febrero de 2008


El Consejo Nacional para la Cultura y las Artes
CONACULTA
a través de la Coordinación Nacional de Literatura del
Instituto Nacional de Bellas Artes -
INBA

INVITA A LA PRESENTACIÓN DE LA REVISTA

NAVEGACIONES ZUR

Revista Literaria del Centro Yucateco de Escritores, A.C.
celebrando su número
50

miércoles 5 de marzo a las
19:00 horas
en la sala
Adamo Boari
del
Palacio de Bellas Artes

Presentan:
Agustín Monsreal, Raúl Rodríguez Cetina,
Carlos Martín Briceño y Roberto Azcorra


Modera:
Angélica Santa Olaya

14 años de trabajo. 50 números. 5 becas nacionales.
80 páginas.

¡FELICIDADES HERMANOS NAVEGANTES!

Si desean navegar con nosotros los cálidos
e impredecibles mares de la literatura

¡¡ASISTAN!!

martes, 26 de febrero de 2008

QUINTA NECEDAD

No dejaré que tus escamas de hierro sean la daga que desolle los pulmones de la luna. Ni que tus palabras sordas deshojen otra vez el árbol que resguarda los claveles. Rojos pétalos, necios pétalos; aserradas lenguas que tiemblan afiebradas por el soplo inconcluso de tu aliento.

lunes, 25 de febrero de 2008


Mañana martes 26 de febrero en la Galería de Rectores
del Palacio de Minería a las 14:00 hrs. dentro de la

XXIX FILPM 2008

Mesa redonda:

LA SEXUALIDAD DE LOS ANCIANOS VISTA POR LOS ADOLESCENTES

en el libro Tres finales para un comienzo de
Mariluz Suárez Herrera

Mariluz Suárez, Angélica Santa Olaya y Raúl Colmenares
AHÍ NOS VEMOS

miércoles, 20 de febrero de 2008

XII

Yo no sé de la infancia
más que un miedo luminoso
y una mano que me arrastra
a mi otra orilla.
Alejandra Pizarnik

Sentada está la niña en el recuerdo de la insomne. Sentada y sola, mudísima: sin boca, sin palabras, con la cicatriz de los silentes en la cerviz. Violenta la memoria de mujer. No puede nombrarse desde dentro, no sabe morirse ni olvidar. Dientes fragmentados, lunas en el vientre, y esa voz de agua que no sangra, que murmura los suicidios de los pájaros, que revienta el luto de las alas en los dedos. ¡Tempestuosa náusea la del viaje hacia el ayer! ¡Oscuros los naufragios en el alma de la niña! Ya sus ojos van lumbrando las espinas, va tejiendo con la vulva hilos de pus y vacuidad, va buscando los espejos y la muerte. Pero está sentada, sentada y sola, mudísima: criatura seducida por el llanto de la noche.

Daniela Camacho D. R. ©

"Plegarias para insomnes"
México, febrero 2008.

Fotografía: Angélica Santa Olaya D. R. ©

lunes, 18 de febrero de 2008

Y A PROPÓSITO DE MIEDOS...

¿No han recibido un mensaje que solicita la adhesión contra el pago de tenencias vehiculares? Verdaderamente le dan a uno ganas de añadirse a la lista de inconformes con este impuesto injusto y abusivo [uno más entre todos los que nuestro buen gobierno tiene a bien aplicarnos para engrosar el cochinito de la jubilación (no la nuestra por supuesto; esa está cada vez más en peligro)]. El caso es que, yendo hacia atrás en el tiempo -hacia ese lugar llamado memoria histórica que con frecuencia se ha querido eliminar de nuestros mestizos cerebros- me encontré con un relato interesante:
Érase que se era… que en el año 1650, aproximadamente, existía una práctica social llamada “repartimiento de mercancías”. Dicha práctica era aplicada por corregidores y alcaldes mayores a los pueblos indígenas. Consistía en la venta forzada de productos a precios inflados. Es decir, como decía mi abuelita: “o te lo comes o te lo meto por la cola”. Los pueblos indios lo aceptaban “como una más de las cargas tributarias que sufrían…”, dice Bernardo García Martínez en la Nueva Historia Mínima de México editada por el Colmex en 2007. Y bueno… uno se queda pensando: ¿Seguimos viviendo de algún modo bajo parámetros coloniales? No, pus… ¿Cómo va a ser, si ya casi somos un país del primer mundo? Aunque, viéndolo bien, de ser afirmativa la respuesta, estamos peor que los indios de la Nueva España porque a ellos se les obligaba a comprar un producto nuevo cada vez y nosotros debemos comprar el derecho a tener el mismo producto, que ya pagamos, una y otra vez. Algo así como obligarnos a comer un plato de frijoles viejos, que nosotros cultivamos y aún así pagamos; y además, cobrarnos por tener hambre. El Señor Miedo tiene, también, cara de impuesto, sobre todo cuando no se ganan cien mil maravedíes al mes ni se dispone de una bodega llena con almendras de cacao suficientes como para llenar la insaciable barriga del susodicho.
¡¿QUERIDO COCO ESTÁS AHÍ?! Cualquier semejanza con la vida actual es pura coincidencia.

viernes, 15 de febrero de 2008

NIDO DE SONÁMBULOS II

Hola
¿Hay alguien en casa?

Soy el señor Miedo
vivo en el rincón podrido
de un cráneo podrido
y los habitantes del tejado
se asustan con mis sueños
cuando sueño.

El problema de mi vida gotea
Es una piedra enorme
para esta cucharita.

El problema de mi vida
son tus páginas enfermas
y los últimos cuarenta o cincuenta amaneceres.

Mis raíces se nutren
con la sal de los infiernos.

Es por eso que arrojo tu retrato a la chimenea
y me escondo en el sótano cuando enciendes las luces.

Mis largas uñas coleccionan
los secretos de tu sexo azucarado
y la neblina de tus medias invade poco a poco
los pasillos.

¿Me escuchas?

Pinté por dentro las paredes del huevo
y mis sanguinarios sapos aplaudieron.

Mis mil sapos
Mis mil sapos y otro sapo muerto
Mis mil sapos y un disfraz descolorido
que cuelga de una percha
recordando dulces damas de cuerpos despiadados.

Un disfraz descolorido
abre los ojos enormes y pregunta:
Hola
¿Hay alguien en casa?

Ricardo Bernal D. R. ©
"Ciudad de telarañas"
México, Ed.

Fotografía: Angélica Santa Olaya D. R. ©

miércoles, 13 de febrero de 2008

Gracias a todos los buenos amigos que con oídos, brazos y sonrisas acompañaron el día de ayer en la velada poética a Ricardo Bernal y Alicia la necia dentro del ciclo Poesía en voz de sus autores. Gracias a Martha Bernal quien, siempre atenta y dispuesta, nos acompañó en representación del INBA.
Amigos, abrazos, sonrisas, libros, café y poesía. ¿Qué más se puede pedir?
Disfruten su 14 de febrero y recuerden que el amor... el amor es el que hace girar al mundo; eso lo dice Lewis Carroll y yo apoyo la moción aunque Alicia me haga muecas escondida en su madriguera.

martes, 12 de febrero de 2008

SIN LA LUNA: Una hermosísima canción de Alejandro Filio en la voz de Tania Libertad en esta noche nostálgica de FEBRERO 12 QUE NO 14, como diría mi amiga Lulú Peñones en su VIERNES 22 QUE NO 13: En días como este sé por qué los poetas se suicidan... / Un día como hoy me suicidaría / si fuera poeta...
Eso dice mi querida Lulú quien mucho comprende sobre la teoría de la relatividad en los calendarios. Las fechas son sólo eso, NÚMEROS ENCERRADOS EN UNA JAULA DE 24 BARROTES QUE NADIE PUEDE ASIR. LOS SENTIRES TIENEN ALAS DE MURCIÉLAGO Y VAN Y VIENEN COMO SE LES PEGA LA GANA SOSLAYANDO FECHAS Y RAZONES... ¡Ay razón! ¿Por qué no vienes a mis brazos? Disfrútenla...

jueves, 7 de febrero de 2008


SIN CONSERVADORES


No tengo senos de plástico
ni uso zapatillas de Cenicienta
pero mis pezones florecen
al concéntrico tacto del deseo

no soy talla cero
pero mi pubis reverdece
ante un cayado
de redondas intenciones

puedo modificar la órbita
de los planetas
a cambio de un orgasmo
con alas de libélula

no necesito un anillo de diamantes
ni una firma que ponga candado
al vuelo de las azules esporas
que nacen en mi vientre

mi sudor no sabe a silicona
ni tiene conservadores
porque la carne con cadenas
termina siempre por oxidarse

Angélica Santa Olaya D. R. ©
Del poemario inédito "Erial con zapatos rojos"
México, D. F. enero 2008.

Arte gráfico: Ydalia Lázaro González D. R. ©

viernes, 1 de febrero de 2008


El Consejo Nacional para la Cultura y las Artes

CONACULTA

a través de la Coordinación Nacional de Literatura del
Instituto Nacional de Bellas Artes - INBA

TE INVITA AL CICLO

POESÍA, LECTURA EN VOZ DE SUS AUTORES

Angélica Santa Olaya y Ricardo Bernal

Martes 12 de febrero
en
LA CASA DEL POETA
Ramón López Velarde
Álvaro Obregón 73
Salón-bar “Las hormigas”
A las 19:00 hrs

NO FALTES

Arte gráfico: Plácido Caro Piston D. R. ©

martes, 29 de enero de 2008

CONVOCATORIA DE CUENTO CONJETURAL

I Concurso Sinergia - Realidades Alteradas

1) Pueden participar en este concurso escritores de todo el mundo. 2) Los cuentos deberán estar escritos en castellano y tener 1.000 palabras o 7.000 caracteres con espacios como mínimo y 3.000 palabras o 20.000 caracteres con espacios como máximo. Esta regla no admite excepciones.3) El tema del concurso serán las “realidades alteradas”. Cada participante elegirá qué tipo de alteración experimenta la realidad y en qué clase de espacio o tiempo conjetural decide jugar la trama. 4) Los cuentos de vampiros, hombres lobos, dragones, princesas vírgenes y héroes anabolizados serán descalificados inmediatamente. El propósito de este concurso es promover la narrativa conjetural y proponer una alternativa a la literatura fantástica dominante.5) El jurado seré yo (Sergio Gaut vel Hartman), entre otras cosas porque no deseo impedir la participación en el concurso de un cierto número de amigos escritores. 6) Los ganadores serán tres, aunque me reservo el derecho de subir la cifra a cuatro o hasta cinco. El propósito es que no queden buenos cuentos sin premio. Cada uno de los ganadores recibirá un paquete de libros y los cuentos serán publicados en Sinergia. En segunda instancia, existe la posibilidad de que los cuentos ganadores sean publicados en una antología, recibiendo por ello una pequeña suma monetaria. Esto depende, claro, de que el libro se haga.7) Los cuentos deben ser enviados a la dirección de “Colaboraciones” que figura en “Comunicación” en la página de Sinergia
colaboraciones@nuevasinergia.com.ar
.8) El concurso queda abierto a partir de este momento y se cerrará el 29 de febrero de 2008. El ganador se conocerá el 30 de abril de 2008. No se aceptarán cuentos con seudónimo y mantendré correspondencia con todos aquellos que quieran preguntar o comentar algo.

Fotografía: Angélica Santa Olaya D. R. ©


domingo, 27 de enero de 2008

CRÓNICA DE UN FINAL NO ANUNCIADO

A las 10:45 -con carteles bajo el brazo, pinzas y trocitos de alambre en el bolsillo; y el entusiasmo saliéndosenos, inevitablemente, por la sonrisa- comienza el recorrido. Nos dividimos las estaciones, salteadas, de cinco en cinco. Un equipo de mujeres (Anita y yo) y otro de hombres (Marco, Román e Iván).
Nos toca el lado amable de ser los últimos en la lista. Los policías, ya acostumbrados a estas visitas, son muy amables. Acuden presurosos a abrirnos la puerta, sonríen, nos hacen comentarios y recomendaciones. Sólo en dos estaciones nos la arman un poco de tos a Anita y a mí. Curiosamente, son policías del sexo femenino. Que si no podemos tomar fotos, que de dónde venimos… piden nuestro santo y seña… Me quedo reflexionando en la supuesta “competencia femenina” que argumentan algunos hombres para describir la relación entre mujeres y me pregunto si al equipo masculino le habrá pasado lo mismo. Más tarde me entero que, ellos también, recibieron el regaño de una mujer policía que se sintió ofendida porque la saludaron, pero no le dijeron a qué iban. ¿Será que somos más exigentes?
Los primeros alambres, manipulados por inhábiles dedos, se nos resisten con gran valentía al principio. A la tercera estación, Anita y yo estamos seguras de tener el ángulo exacto para domar su resistencia y el trabajo se vuelve más rápido y fácil. Ella coloca un lado y yo el otro. Comenzamos a charlar ya un poco menos preocupadas por estar haciendo bien nuestra labor.
En Hamburgo el policía nos recibe con una amplia sonrisa y nos pide que pongamos dos carteles. Uno le parece poco para la cantidad de gente que circula en la estación. Agradecemos su interés y le explicamos que no podemos poner dos porque hay que cubrir aún las otras estaciones.
La mañana transcurre líquida y tibia a nuestro lado. A Anita y a mí no nos para la boca. Compartimos sueños y proyectos y nos sentimos alegres de poder conocer un poco la una de la otra; más allá de quedar ligadas, para siempre, en este proyecto que rebasa, en ese momento, el objeto “cartel”.
Llegamos a Reforma donde el policía, quien vigila muy de cerca la colocación del cartel, nos pide que le regalemos uno antes de irnos. Nos platica que una viejita quiso llevarse, un día, el cartel de Dulce, pero que él no se lo permitió. Entre risas le reprochamos no haberla dejado “hurtar” el objeto de su deseo y le aconsejamos que, luego de catorce días, antes de irse a su casa, cuando nadie lo vea, se lleve consigo el cartel que acabamos de colocar.
Nos comunicamos con los hombres de vez en cuando para monitorear el recorrido. Todo va bien, dicen. Están en Insurgentes y el policía está con ellos leyendo el poema. Les comenta que es muy bonito, que sí lo entiende, que ahí dice que “la mujer, porque no es artificial, reverdece…” Percibió, exactamente, la esencia del poema. Les dice que “qué bueno que se hagan estas cosas” y les muestra su pulsera de apoyo a la dignidad de las mujeres y contra el acoso sexual. Cuando me entero de esto, confirmo que la sensibilidad y el sentido común de los mexicanos está presente más allá de aquellos que piensan que la mayoría de la gente no entiende la poesía (sólo hay que permitirle entrar en nosotros) y, al mismo tiempo, se disipan mis dudas acerca de la presunta contraposición que podría haber entre mi poema, y el de Dulce, y la campaña que el Gobierno del Distrito Federal lleva a cabo contra el acoso sexual (razón por la cual, mi cartel y el de Dulce quedaron al final en la lista).

Anita y yo les estamos pisando los talones a los hombres y, cuando pasamos por Insurgentes, alcanzamos a ver al mismo policía, frente al cartel, ensimismado aún, o nuevamente, no lo sé… en la lectura. Lo vemos, nos miramos entre nosotras cómplices, sonreímos satisfechas. Lamento no haber tenido la cámara preparada en ese instante, pero la imagen se queda en el corazón.
Comenzamos a sentir el cansancio en los pies. La falta de agua seca nuestra boca, pero no queremos salir a buscarla por no ir al baño y la conciencia de que aún nos resta un buen trecho para terminar el recorrido. Decidimos aguantar hasta el final.
En El Chopo nos aborda un joven de nombre Daniel Guzmán que trabaja en Metrobús. Quiere saber si nosotras somos las autoras de lo que dice el cartel. Quiere saber, también, dónde puede conseguir uno. Nos pregunta a dónde puede acudir la gente para conseguir uno de ellos. Le mostramos la dirección mail del colectivo, pero parece no serle suficiente. Nos pide un teléfono o algo más. No quiere irse sin nada. Le doy mi teléfono y se va, por fin, al parecer, más contento.
Ahí la llevamos. Los hombres nos han rebasado ahora. Anita y yo estamos cansadas y hambrientas. El parloteo ha ido bajando de nivel. En Buenavista colocamos el último cartel que nos tocó. Son las tres de la tarde. Anita debe ir a comer con su abuela. Nos despedimos con la intención de no perder el contacto. Yo, que aún debo esperar a los hombres, decido bajar a tomar un refresco con siete pesos que me presta Anita porque no llevo monedero. Compro una Coca en el puesto de la esquina y me siento a beberla, exhausta, en la banqueta. Ya no me importa si no hay baño. Mi cuerpo necesita líquido. Una vez hidratada decido comprar unos cacahuates, pero me faltan cincuenta centavos. El chico del puesto se conduele de mí y me los perdona.
A las tres y media nos reunimos los que quedamos y vamos a comer. A las cinco emprendemos el viaje de regreso. A través de la rejilla de las estaciones, miro, al pasar, ya sentada en el bus, nuestro cartel. Está ahí, muy estiradito y limpio esperando la mirada de los transeúntes. En la estación Poliforum veo a una pareja de novios que, al comprar su tarjeta, se ve atraída por él. Los muchachos posponen la compra del boleto y se detienen a leer.
En la mano derecha llevo el racimo de gafetes. Pienso en las manos de mis compañeras llevándolos, tal vez, de la misma manera que yo los llevo y, en ese momento, me doy cuenta de que ese racimo de gafetes es, en realidad, un racimo de sueños compartidos y por compartir. Sueños puestos en palabras e imágenes con la esperanza de que alguien los mire al pasar, en medio de su trayecto a algún lado.
Me miro los nudillos rasguñados y las uñas llenas de esa mugre que no quiso salir con una simple lavada de manos en el restaurante y me sonrío a mí misma. No sé qué tanto sí o qué tanto no, pero es un hecho que logramos nuestro objetivo. Esos novios y ese policía leyendo me lo dicen. Me digo que vale la pena y que hay que seguir insistiendo. El arte y la poesía no pueden ser privilegio de unos cuantos y es nuestro deber tomar los espacios disponibles. El sonido del motor del bus arrulla mis pensamientos.
A las seis y media nos reunimos con Haydeé y Juan en Dr. Gálvez. Entre todos colocamos los carteles que, por equivocación, los hombres desmontaron de Indios Verdes. Sin querer, la exposición cambia de sede al sur de la ciudad.
Haydeé y Juan, muy guapos, van a una fiesta (diviértanse mucho…) y nosotros –chamagosos, pero contentos- nos dirigimos al cine para cerrar con broche de oro este día que no es, ni por equivocación, el fin del trayecto. El viaje apenas comienza… Gracias Haydeé.


Angélica Santa Olaya D. R. ©
México, D. F. enero 2008.


miércoles, 23 de enero de 2008

EPIFANIA

Era tan hermoso que decidió vigilarlo para que no se fuera. Se sentó en una piedra y no le quitó los ojos de encima ni un solo segundo.
Ese día no comió, ni bebió ni se preocupó de resguardarse para calmar el calor. De pronto, el sol, aburrido de sentirse observado, corrió a esconderse en el único lugar donde no podría ser visto por el hombre; dentro de él.
El hombre, inundado de luz, encegueció. Entonces vino la noche y ambos, hombre y sol, pudieron descansar. Al día siguiente el hombre sabía que, aún ciego, no estaba solo.

Angélica Santa Olaya D. R. ©

México, D. F. enero 2008
Fotografía: Angélica Santa Olaya D. R. ©