
El placer está en la persecución y el único amor eterno es el que nunca se alcanza.

Si quieren conocer una probadita de los poemas de EL LADO OSCURO DEL ESPEJO, compren el próximo sábado 12 de julio el diario Milenio que publicará, en su sección cultural Laberinto una pequeña muestra de lo que a Alicia le sucedió en aquellos lares. Si les gusta, y se animan, luego de haberse echado un café y unos huevitos rancheros, se van a la librería a comprar el libro y ya tienen la mañana del sábado hecha. Los libros son los únicos amigos que no huyen cuando más los necesitamos. ¿Será porque los pobres no tienen pies? Pues sólo que sea por eso...“Un texto abierto cuya lectura puede presentarse, tal vez, en forma de espiral. El presunto final es un principio que continúa el ciclo de la lectura que puede ser infinita toda vez que el texto lo permite si así el lector lo desea. Las líneas de lectura pueden ser variadas. El libro es diferente a lo que antes había leído en la poesía mexicana. Crea un mundo propio a partir de otro ya creado por Carroll con características, como en el texto de Carroll, de apertura y continuidad radicadas en la convivencia del absurdo con la realidad cotidiana. Una manera distinta de abordar la poesía. El libro es, tal vez, un solo poema; posee una unidad que divaga entre lo imaginativo y lo real discurriendo a través de una conciencia crítica. La autora se pelea, incluso, con su propia herramienta: las palabras y da un salto significativo desde su primer libro hasta este lado oscuro del espejo: ha crecido. Pero, ¿Quién escribió este libro? ¿Alicia o Angélica? ¿En qué momento Alicia se convierte en Angélica o viceversa? Finalmente, la identificación de la presunta autora es lo que menos importa. Importa el texto por sí mismo y sus propias posibilidades ontológicas y literarias.”
Saúl Ibargoyen

Me gusta el mar sosegado lamiendo mi cuerpo con delicadeza, el centro dulcísimo de los higos y su rotundo color negro o adivinar el contacto de unas manos sobre mi piel. También disfruto el olor añejo de un separador de páginas señalando una complicidad entre el autor y yo. Procuro tener siempre un libro al lado de mi cama por si la soledad y los fantasmas y una pluma cerca mío como si fuera un hombro. Adoro el olor del ponche de frutas navideño porque es lo único que me gusta de esa época del año y la noche estrellada de Van Gogh con sus colores fuertes y sus pinceladas atrevidas y esas nubes revolcándose sobre la montaña. También es justo mencionar el merengue fresco, color de rosa, deshaciendose efímero en mi lengua mientras mantengo la boca abierta y los ojos cerrados y las palomitas de maíz con salsa Valentina en el cine. Me gusta que me rasquen la espalda como si fuera un oso y los ojos de un pez frente a los míos tratando de reconocernos. Amo la soledad deseada escuchando el concierto número uno de Tchaickowsky y la vista nocturna de mi ciudad desde el avión como una prostituta que se ha vestido con lentejuelas convidando al pecado. Me gustan los ojos que me miran de frente al hablar y las bocas que dicen "sí" y no se arrepienten de lo que dicen o de lo que besan. Me gustan los besos porque son la manera más silenciosa de gritar. Me gusta una piel rozando la mía por las noches para abrazarla cuando vienen a visitarme los monstruos que viven dentro de los armarios. Me gustan los hombres morenos y velludos que no sean machos. Me gusta la música metiendose en mis células mientras bailo y el olor de la tinta sobre el papel nuevo. El tacto liso, húmedo y suave de la piel de los delfines y su mirada afable. Me gusta viajar "al infinito y más allá" con un libro en las manos. Se me antoja retorcer entre mis dedos los irreverentes bigotes de Dalí y sostener su mirada retadora. Amo las jacarandas con sus copas lilas en marzo lloviendo flores sobre las aceras y disfrazarme de "otras" para despistar al enemigo. Admiro la infinita paciencia de los caracoles y su tenacidad para dejar una huella a su paso. He aprendido de ellos a hacer el amor sin prisa acariciando cada instante como si fuera el último. Me gustan las moscas inteligentes de Sartre refregándome en la cara su existencia, los aretes de todas las formas y el poema veinte cuando estoy de "mírenme y no me toquen". Me gusta el olor de las gardenias y los nardos aunque no su color blanco ¿o será por eso que me gustan? Tal vez lo que me gusta es la valentía que tienen para vestirse de blanco; un color muy comprometedor. Amo el color rojo porque me recuerda que estoy viva y que puedo ser la cereza de algún pastel. Me gusta husmear en las madrigueras aunque luego no pueda sacar la cabeza de ahí. Me divierte ir al tianguis del Chopo, con mi hijo, a comprar discos vestida de Dark y las casas viejas que guardan historias extrañas entre las arrugas para contárselas a los curiosos que se asoman por los cristales rotos. Me gustaría recordar más seguido que quien quiere nacer debe romper un mundo como dice Hess y que podemos reírnos de las lágrimas si se las pinta de colores como hacía Frida Kahlo. Hay muchísimas cosas que me gustan, pero hay días tan fríos y llenos de sol como éste en que tanto calor, allá afuera, obliga a dejar los pies en el umbral a la espera urgente de los girasoles. Y a tí, ¿qué te gusta?ahora sé que no podré seguir caminando como si los pájaros no hubieran cantado más allá de la barda carcomida
como si cada golpe que asestamos al recuerdo se alejara entre las ruedas de los autos
como si un secreto pudiera guardarse en la caja fuerte de un banco
pero esta que ahora se desata los cordones de los zapatos sin agacharse
y se hace una cola de caballo con un resorte rojo
es también la que ha visitado el calcáreo refugio de las amapolas
me desconozco en el portal de los espejos
y me pregunto si es que todavía puedo cortar una sonrisa
y ponerla a florecer en un vaso con el agua de mi última lluvia
aunque no haya camino para los frágiles pies del alebrije
habrá que echar al fuego las astillas
y colgar el atrapasueños de la puerta
y sacar del closet el traje de luto
por si los navajazos
y por si el amor
Angélica Santa Olaya D. R. ©
Fotografía: Angélica Santa Olaya D. R. ©
Angélica Santa Olaya D. R. ©
Fotografía: Angélica Santa Olaya D. R. ©
"Abandona a tu padre y a tu madre"
VALOR Y VERDAD PARA LOS NIÑOS MEXICANOS
POST SCRIPTUM
Tocan a la puerta
mientras escribo esta página:
me levanto y recojo
un pequeño patíbulo.
Regreso y sigo escribiendo.
ACUMULACIONES
El poeta, como las serpientes
muda y recicla
acumula y
cuando ya no cabe en si mismo
nos lega la piel de sus palabras.
Nunca le pidas al poeta
más que el asombro de su sangre.
"Palabra del mundo" D. R. ©
Cuba, Ediciones Unión, 2007.
En este MARIPOSARIO de Ediciones Papalotzi, ideado, dirigido y prologado por Berónica Palacios, fue publicado mi poema ANGELINA, uno de los tantos agujeros palabrientos de esta madriguera cibernética escarbado el 4 de septiembre del año pasado por si quieren recordarlo.